Hello, hello, chicas, más vale que vosotras me entendéis, porque el personal que me rodea, vamos el mundo en general, es que no me hace ni repajolero caso. Joé. Bueno, ya empiezo a estar menos mustia. Ayyyyyy, ayyyyy y hasta empiezo a tener ganas de largar... he dicho largar... no estudiar. El cole me tiene frita. vamos que no me acostumbro a este rollo y mira que lo intento cada año. No, ya sé que no es ninguna novedad. Jopelines, pero es que yo a esto no le cojo el punto. ¿No podría empezar a estudiar a los 40? le pregunté a mi padre el otro día. Y sin dejarle decir ni mu, continué: Y así, podría aprovechar el tiempo sin perder la juventud machacándome la neurona e Ignacio I sonrió. Y yo me animé y seguí: Y después, cuando ya llevase media vida de jolgorio, vamos cuando ya fuese una carroza como tú, podría ponerme a estudiar. Pero oye eso ya no le hizo tanta gracia, no sé si por lo del carroza o porque a él, que ya está en la cuarentena, le tocaría ponerse a pencar. Ah! y hasta los cuarenta quién pagaría tus gastos, me soltó así a bote pronto el muy mandurrio. Porque yo, me aclaró, yo tendría que estudiar. ¡Narices, en eso no había pensando! Así que retruécanos verdes, mi sino está unido a estos cochinos libros y apuntes y mochila. Claro que una no piensa pasarse de lista, que luego el cerebro se acostumbra y puedes convertirte en una pitagorina de esas que andan por ahí sacando sobresalientes a mogollón. Ufff ¡qué horror!
Oye, que sepáis que he recibido un mensaje de Michael, mi nuevo amigo irlandés. Me dice que está bien, que en Kilkenny, su pueblo, llueve perros y gatos (este chico está pallá) y que está deseando que llegue el verano para verme en Vinaroz. Hummmmmmmm. ¿Es o no es para emocionarse? Y me dice aún más cosas, pero esas son
top secret. Vamos que son sólo para mí.
¿Os acordáis de mi ¿amigo? Li. El pobre no se dio el piro porque sí. Fue el pedazo de mafioso de Chang, vamos el dueño de El Dragón de Jade, quien, cuando descubrió que era su hijo, porque Li es hijo de Chang, decidió mandarle de vuelta a China. Así, allí, te harás un hombre, dice que dijo. Y le largó para Beijing en un barco de carga atiborrado de pelos ¿serán perros? y de ratas, ¿serán latas?. Más vale que el barco hizo escala en Singapur. Y allí lo pescó el inspector Requejo a quien alguien le había dado el soplo. Ejem, ejem... ¡hola mamuchi! El resto os lo cuento otro día que acaba de llegar mía mamma por sorpresa y ya me tiene el ojo puesto en el mismísimo cogote. Mira que es plasta, la muyyyyyyyy.
Besitos de Marta Largona