domingo, 27 de octubre de 2013

Y el Metropolitan... era un museo. Joé.

My father cumplió su amenaza. Después del episodio faunil - y que conste que hay algunas, y no miro a nadie,  que no se creen que el cochino Poes sea un gato acuático- Ignacio I el Grande, mi padre, decidió que había llegado el momento de volver a Manhattan. ¡De hoy no pasa, hoy vamos al Metropolitan! ¿En metro....? ¿En metro.....? grité yo, cual cabra loca al recordar mi primera experiencia metril (si no la recuerdas, te dejo que metas tu nariz en Marta y punto). ¡Jua, jua, jua....! se despiporraba vivo  el cenutrio de mi hermano. ¡Jua, Jua....! Si la niña... - y dijo ni-ña con mucho retintín- cree que el Metropolitan es el metro de Nueva York. Je, je, je.  Ante el despiporre fraterno, mi santo padre se encargó de explicarme que el Metrotal en cuestión era una museazo de esos de aquí te espero. ¿Museo....? ¿Museo.....? grité yo. ¿Pero es que no tenemos suficiente con el Museo del Prado...? My father  me miró con ojos de uralita y una se quedó muda cual siluro (¿o será silura). Así, entre tú y yo, tengo que reconocer que a mí los museos ni fu ni fa, vamos que más bien fi. Que sí, que ya sé que soy un poco burra, jopelines, pero es que entre tanto cuadro, entre tanto despiernados
- bustos, que se llaman bustos, pedazo de animal, me soltó Marta mustía haciéndose la importante- a una le entra como complejo de chinche. Mi padre un tanto mosca porque no quisiera ir en metro, ni en museo, dijo que chitón y que allí se hacía lo que él decía. Y punto. No, si al final, me iba a copiar mi verborrea hasta mi mismísimo progenitor. ¡No te  mola! Podría contaros nuestro viaje hacia Manhattan, pero casi mejor lo dejo, porque hay historias que es mejor no recordar. Imagina a my  father lento cual tortuga, a dos millas por hora, rodeado por el resto de drivers a punto del patatús. Todos, absolutamente todos, echaban llamaradas de fuego por los ojos, a la vez que soltaban sapos y culebras (por la boca, que todo hay que aclararlo, narices) Vamos,  seguro seguro que en Nueva York no le van a nombrar el driver del año. A lo mejor le nombran el danger del año. Eso sí.  Bueno, al fin,  después de mucho frenazo, acelerón, de cantidad de Hummmssssssssssss, ayyyyyyyyyyyyssss, eisssssssssssss, y sorry, sorrry, llegamos a una especie de ¿templete griego?de tamaño gigantesco, en el centro de Manhattan. Pero qué copiones, joé largué yo a los cuatro vientos, mientras mi hermano me pillaba por el colodrillo y me metía a empujón vivo en el politan en cuestión. Iba yo con unos morros de aquí te espero- porque una, por si no te acuerdas, quería patearse la 5ª Avenida a lo grande, vamos mil y una vez, pero mi abu - ay señor, señor- eso lo decía ella, no yo- me dio un cachetito y me soltó algo así como: ¡Vamos, hija  sé más madura !, que me dejó a cuadros. ¿A ver si mi abu ahora iba a convertirse en un clon de la Baquero? Y eso... de verdad de la buena que me preocupó, así que me dio como un flux y me quedé peripatética en el centro de una sala llena de retratos en piedra de Marco Aurelio, de Augusto, y de no sé quién  más (mucho ojito, todos emperadores romanos) cuando de pronto llegó como una marabunta humana de tipos bajitos, de ojos rasgados, con cámara en ristre, que largaban algo así como conichiwa, arigato, sayonara..... que me arrastraron en un pis pas hasta la puerta de salida. Yo gritaba cual posesas: ¡Esto es un secuestro...!  ¡Papáaaaaaa! ¡Mammmmmmá! Pero nadie me hizo ni repajolero caso. Así que pataleando a dos palmos del suelo llegué a la puerta de salida y allí me quedé, más sola que la una, sentada como una pavisosa. En cuanto se me pasó el arrechucho, estaba verde cual lechuga y con el corazón al cien mil, pillé el móvil y llamé... hasta a mi hermano. Jopelines, pero el muy mustio andaba missing. ¿And my father? My father... the same. ¿Y cómo podía servidora volver a entrar en aquel  centro del saber, si los tickets los tenía mi santo padre y una no tenía en el bolsillo más que un cochino moquero,  ehhhhhhhhhh?

Adivina, adivinanza... Más news in the future

Tu amiga Marta

lunes, 21 de octubre de 2013

Una animalada total

Sí, que lo sepas, no sé me ha olvidado lo de la fauna neoyorkina, qué va... Es que a veces me vuelvo crazy y la olla me sale disparada hacia el más allá. Pero como mi amiga Andrea no me pasa ni media, siempre está ojo avizor- el otro día me soltó que para cuando lo de la fauna, que ya estaba bien de largar que si esto, que si aquello, que si lo de más allá  y de fauna nastis de plastis.

Bueno, ahí va una de fauna total. Ya te conté que la prima de mi padre, Ms. Marina,  tenía algo así como un zoo en el jardín, bueno en el jardín y en la casa, porque Honey, un chucho peludo que iba largando la melena al por mayor, dormía en el sofá. Sí, justo en ese en el que luego te sientas. Así que un día me levanté de allí que parecía mismamente el Yeti, con unas pelambreras rojizas que me colgaban de los brazos, de las piernas y  del mismísimo c-u-l-o; por algo una había sentado allí un par de horas. Y ni te cuento como se puso mi abu, que se pasó allí acurrucada media tarde intentando descifrar que narices decían aquellos tipos que aparecían en la tele y que se parecían tanto a los de Ley y Orden, claro que espitingleaban a mogollón. ¡Pero hija, con lo bien que les entiendo yo en Madrid! soltaba mi abu, más bien moscona por ese empeño de los neoyorkinos de hablar en inglés. ¡Cómo si alguien les entendiese! soltaba a todo aquel que quería oírle, incluida la prima de mi padre y su marido, un tipo pelirrojo de dos metros de altura... y de anchura, que había nacido a la altura de Bafal o algo así. Dos días después entendí que el tipo hablaba de Buffalo, a cuarto y mitad de las cataratas del Niágara, vamos de Niagara Falls, que servidora también espitinglea a lo grande.

No, lo de Honey no era nada - y yo me quejaba de Baby- comparada con la vida del minino, un tal Poes, que andaba renqueante intentando evitar al chucho, que lo mandaba de un golpe de pata al otro lado del salón, en cuanto el felino asomaba el bigote. Así,  que el pobro (es masculino, o no?) había cogido por costumbre refugiarse en el lavabo y allí se pasaba las horas muertas. Sí justo en el lavabo que usaba yo. Es que hay que ser.... Joé....

No, yo no decía ni mu, salvo cuando me lavaba los dientes, o las manos o me quería repeinar para estar tan guapa como un San Luis (son cosas de mi abu), entonces sí que me ponía como una energúmena y echaba al bicho a grito pelado. ¡Out, out, out! Joé, pero el muy mugriento, que pasaba de mí, como de aquí a Manhattan (aquí, vamos Madrid),  le fue cogiendo gustillo a eso de estar a mi vera y un buen día que andaba una dándose una ducha de aquí te espero, en una ducha atómica en la que salía agua del techo, de la pared, del manubrio y te ponía los pelos hechos un asco, aunque no te los quisieras lavar, noté algo así como un roce a la altura de la espinilla. Ohhhhh, uyyyyyyyyyy, grité yo pensando en una araña asiática, pero al mirar hacía abajo, con los ojos llenos de jabón, me encontré con el cochino gato, con los pelos lánguidos cual acelgas,  tumbado a mis pies. Y encima el tipo sacaba la lengua y me rechupeteba la pierna. ¿Pero por dónde había entrado aquel minino? Por donde va a ser, por la gatera que había en la puerta del baño. Ahhhhhhhhhhh, lancé un alarido cual cabra loca. Ahhhh, volví a gritar. Un segundo después, entraron por la puerta a toda pastilla, Honey, el loro, - un tal Mig-  la tía Marina, mi madre, mi abu y todos, ¡todooooooosssss! se metieron hasta  la ducha intentando descubrir qué narices pasaba allí. Yo, con los ojos cerrados, seguía dale que pego al alarido, cabreada cual mamut lanudo, por aquella invasión animal. Bueno, casi animal, mi abu sigue siendo mi abu, lo de la Baquero ya es otro cantar. Pero hija, que no es para tanto, me soltó mi madre. ¿Cómo....? ¿Quéee.....?  aullaba yo en porretas vivas, vamos en cueros total. ¿O es que tú te duchas vestida? Y allí mismo juré por la cruci mil veces que allí servidora no  pensaba ducharse ni un día más. No, ni aunque apestase cual mofeta, ni aunque llevase los pelos lánguidos cual minino. Ni aunque apareciese por allí Brad Pitt y me invitase a comer en un burguer. Y pensaba cumplirlo.  Que una tiene palabra. Bueno, ... si llega a aparecer Brad Pitt una se ducha vestida  en el jardín.

Marta. Y punto.

sábado, 19 de octubre de 2013

Y se me fue la olla. Otra vez

El otro día, cuando iba contando mis andanzas por New York y estaba a puntito de largaros mis aventura con la fauna local,  me dio como un flux y me lié a hablaros de mi amiga Rosita, sí esa que espitinglea como los mismísimos yanquis. Y es que no "cupe en mi de gozo" - esta es una frase más bien antigua que dice mi abu, pero que a mí me mola mogollón- al saber que tengo friends en las Américas. Joé y es que no es para menos. "Friends en las Américas..." Joé, joé, joé. Sí, lo reconozco estoy ufana cual rana. Claro que todavía sigo esperando a que alguien me envíe un cochino mensaje y me diga como narices se dice parteperas al otro lado del charco. Que es que lo mío es el Lenguaje, así con mayúsculas y darle a la húmeda al por mayor... así que me rechincha que la gente no me entienda, pero aún me fastidia más no entenderles yo a ellos. Si es que se te va la olla, pedazo de cenutria, me ha largado Marta mustia en mi mismísima oreja. Si es que tú crees que la gente de hace caso, pero pasan de ti, como de aquí a México D.F., ha recalcado la muyyyyyyyyy pavisosa, para machacarme aún más la neurona.  Lo tuyo es envidia cochina, le he answerado yo, mosca cual fly lanuda, a la vez que le lanzaba un languarinazo con doble tirabuzón que me ha atizado en medio del colodrillo. Uyyyyyyyyy ha gritado mi otro yo. Uyyyyyyy, he gritado yo seguidito, poniéndome la mano a la altura de la nuca. Nunca aprenderé que una no puede atizarle a su otro yo, así como así. Como mucho como mucho, puedes ponerle de hoja de perejil,  pero nada de sopavirones que luego se te queda el coco al jerez.
Es que últimamente no doy una. ¿Ultimamente....???  Je, je, je. ¡Que te calles que te atizo! Dame, dame si te atreves... ¡Narices, qué duro es tener que estar todo el día discutiendo con una misma! Y luego se extrañarán de que pierda hasta el oremus. (Esta frase también se la he copiado a mi abu, porque suena tope chic)

¿Pero no ibas a hablar de la fauna de New York?

Gluppppp. Bueno, ejem...., pensándolo bien,  lo dejaré para otro día.


Marta. Y punto.