lunes, 21 de octubre de 2013

Una animalada total

Sí, que lo sepas, no sé me ha olvidado lo de la fauna neoyorkina, qué va... Es que a veces me vuelvo crazy y la olla me sale disparada hacia el más allá. Pero como mi amiga Andrea no me pasa ni media, siempre está ojo avizor- el otro día me soltó que para cuando lo de la fauna, que ya estaba bien de largar que si esto, que si aquello, que si lo de más allá  y de fauna nastis de plastis.

Bueno, ahí va una de fauna total. Ya te conté que la prima de mi padre, Ms. Marina,  tenía algo así como un zoo en el jardín, bueno en el jardín y en la casa, porque Honey, un chucho peludo que iba largando la melena al por mayor, dormía en el sofá. Sí, justo en ese en el que luego te sientas. Así que un día me levanté de allí que parecía mismamente el Yeti, con unas pelambreras rojizas que me colgaban de los brazos, de las piernas y  del mismísimo c-u-l-o; por algo una había sentado allí un par de horas. Y ni te cuento como se puso mi abu, que se pasó allí acurrucada media tarde intentando descifrar que narices decían aquellos tipos que aparecían en la tele y que se parecían tanto a los de Ley y Orden, claro que espitingleaban a mogollón. ¡Pero hija, con lo bien que les entiendo yo en Madrid! soltaba mi abu, más bien moscona por ese empeño de los neoyorkinos de hablar en inglés. ¡Cómo si alguien les entendiese! soltaba a todo aquel que quería oírle, incluida la prima de mi padre y su marido, un tipo pelirrojo de dos metros de altura... y de anchura, que había nacido a la altura de Bafal o algo así. Dos días después entendí que el tipo hablaba de Buffalo, a cuarto y mitad de las cataratas del Niágara, vamos de Niagara Falls, que servidora también espitinglea a lo grande.

No, lo de Honey no era nada - y yo me quejaba de Baby- comparada con la vida del minino, un tal Poes, que andaba renqueante intentando evitar al chucho, que lo mandaba de un golpe de pata al otro lado del salón, en cuanto el felino asomaba el bigote. Así,  que el pobro (es masculino, o no?) había cogido por costumbre refugiarse en el lavabo y allí se pasaba las horas muertas. Sí justo en el lavabo que usaba yo. Es que hay que ser.... Joé....

No, yo no decía ni mu, salvo cuando me lavaba los dientes, o las manos o me quería repeinar para estar tan guapa como un San Luis (son cosas de mi abu), entonces sí que me ponía como una energúmena y echaba al bicho a grito pelado. ¡Out, out, out! Joé, pero el muy mugriento, que pasaba de mí, como de aquí a Manhattan (aquí, vamos Madrid),  le fue cogiendo gustillo a eso de estar a mi vera y un buen día que andaba una dándose una ducha de aquí te espero, en una ducha atómica en la que salía agua del techo, de la pared, del manubrio y te ponía los pelos hechos un asco, aunque no te los quisieras lavar, noté algo así como un roce a la altura de la espinilla. Ohhhhh, uyyyyyyyyyy, grité yo pensando en una araña asiática, pero al mirar hacía abajo, con los ojos llenos de jabón, me encontré con el cochino gato, con los pelos lánguidos cual acelgas,  tumbado a mis pies. Y encima el tipo sacaba la lengua y me rechupeteba la pierna. ¿Pero por dónde había entrado aquel minino? Por donde va a ser, por la gatera que había en la puerta del baño. Ahhhhhhhhhhh, lancé un alarido cual cabra loca. Ahhhh, volví a gritar. Un segundo después, entraron por la puerta a toda pastilla, Honey, el loro, - un tal Mig-  la tía Marina, mi madre, mi abu y todos, ¡todooooooosssss! se metieron hasta  la ducha intentando descubrir qué narices pasaba allí. Yo, con los ojos cerrados, seguía dale que pego al alarido, cabreada cual mamut lanudo, por aquella invasión animal. Bueno, casi animal, mi abu sigue siendo mi abu, lo de la Baquero ya es otro cantar. Pero hija, que no es para tanto, me soltó mi madre. ¿Cómo....? ¿Quéee.....?  aullaba yo en porretas vivas, vamos en cueros total. ¿O es que tú te duchas vestida? Y allí mismo juré por la cruci mil veces que allí servidora no  pensaba ducharse ni un día más. No, ni aunque apestase cual mofeta, ni aunque llevase los pelos lánguidos cual minino. Ni aunque apareciese por allí Brad Pitt y me invitase a comer en un burguer. Y pensaba cumplirlo.  Que una tiene palabra. Bueno, ... si llega a aparecer Brad Pitt una se ducha vestida  en el jardín.

Marta. Y punto.

3 comentarios:

Andrea dijo...

Ayayayay, qué bueno Marta, que hartón de reír con la escena del gato... :D (Pero debe de ser el primer gato que veo que se mete voluntariamente en el agua,¿no?).
Un besito ^^

Ana Bermejo dijo...

Joe, Andrea, pues te juro por la cruci que es verdad. Ese cochino Poe debe ser el primer gato acuático de la historia de la humanidad. ¡Pero no te mola, si hasta vivía en el lavabo!

Ana Bermejo dijo...

Andrea, Poes, el minimo mugriento se llama Poes. Anda que ahora va y se me pierde una s.