martes, 5 de noviembre de 2013

A los pies del Metro-poli-tannnnnnn

Que sí, que ya me acuerdo de que no había terminado la  historia, joé. Ya vaa...... Ya va..........
Bueno, pues andaba una dale que te pego con su otro yo: "pero si es que eres lerda total", me decía Marta mustia; "pero mira que dejar que te arrastre una banda de japoneses, con lo minis que son", "pero si es que no estás en los que estás..." que si esto que si aquello, cuando de pronto de lo más profundo de mi gaznate salió un aullido tal que así: ¡Que te calles de una repajolera vez o te doy un tapabullón!, a la vez que me ponía en postura de combate, vamos dispuesta a darle/me un languarinazo con medio tirabuzón. Oye, y aunque no te lo creas, allí, a los pies del Metropolitan, a cuarto y mitad de la Quinta Avenida,  por un segundo se hizo un silencio sepulcral, claro que duró eso, un segundo, porque de pronto se oyó un chillido desgañitado: Uhhhhhhhhhh, she is crazy... a la vez que el personal corría en tropel escaleras abajo, mientras me miraban con ojos de huevo duro. ¿Pero bueno, es que en este country una no puede discutir con una misma, repliqué yo. Estaba a punto de soltar que entre Marta Mustia y yo había como un desencuentro total, cuando una panda de tíos cuadrados vestidos de azul se lanzaron sobre mi chepa y me dejaron hecha un burruño. Jopé, estos deben ser Los hombres de Harrelson, grité para mis adentros... y para mis afueras, vamos a gritos total. Y fue entonces cuando oí la voz de mi santo padre, Ignacio I el Grande, que venía a sacarme del entuerto. Please, please, she is my little daughter. I can explain you... Jopelines, pero si my father espitiqueaba inglés.  Después de un cuarto de hora de sorry, sorry, sorry, she is not dangerous at all, she is only a child. We are foreigners and I will take care of her, uno de los guardias, que era chileno, se apiadó de mí. Yo le miraba con ojos de cabra degollada, mientras Ignacio I el Grande, intentaba solucionar el misunderstanding. ¡Pero señor, es que la niña no puede ir amenazando a la gente, y menos frente al Metropolitan! ¿Lo entiende, no? Es que aquí hay unas normas, que hay que cumplir. Entonces metió baza de nuevo Marta Lanzada y se explayó a modo, tratando de explicarle al poliblue que una solo se pega consigo misma, vamos que no soy dangerous para nada.  La mirada de uralita del tipo no paso desapercibida para my father, que me puso una mano en la bocaza y después de darle las gracias un millón de veces: thank you, thank you, thank you.... -sin percatarse de que el tipo hablaba un español de aquí te espero- y de doblarse otro millón, mismamente hasta el suelo, me metió de un tirón en el museo, mientras los polis me seguían la pista con ojos de halcón. Nada más cruzar el umbral de la puerta mi padre me agarro por la cocorota y poniéndome un dedo en la boca me soltó a bote pronto: ¡Marta, quédate muda! Muda total. Y así, amordaza cual rothweiler, recorrí el Metropolitan, de la mano de Ignacio I, el grande. Mi padre había quedado con my family en la sección de Egipto, así que hacía allí nos dirigimos. Ohhhh, ahhhhh, murmuré yo al verme rodeada de sarcófagos multicolor. Ehhhhhh, uyyyyyyyyyyyy, seguía yo monosilabeando, mientras me quedaba petrificada ante las vitrinas con collares, vasijas, miniaturas..... ¿Y eso.... eso que es....? le pregunté a Ignacio I, que no andaba para muchas bromas, mientras me estopeaba cual columnata ante  unas pequeñas casitas, sin techo, eso que sí, con figuritas de vacas, bueyes, palmeras, barras de pan, carniceros, panaderos, pescadores... Eran como casitas de juguete del año catapún. Me quedé medio ensimismada...  Era como jugar de nuevo con muñecas. Andaba una soñando con su más tierna infancia, cuando la muyyyyyyyy de la Baquero se puso en jarras en mis mismas narices y con la vena de la sien del tamaño de un limón, me espetó a grito pelado. ¡O sea señorita, que la has vuelto a montar! Y yo allí, impávida, cual Nefertiti, me puse de lado y le miré con un solo ojo. ¿No estábamos en el país del Nilo? Pues eso.  Jopelines,  más vale que mothers no hay más que una. Que si llega a haber tres.....

Ahhhhh... por cierto,  allí al fondo, como dos pasmarotes, también estaban el cenutrio de mi hermano, que se despiporraba vivo,  y mi abu, la sonotone, que me lookeaba como al bies... ¡Y qué culpa tengo yo de llevarme mal conmigo misma, joé!

Marta. Y punto.

2 comentarios:

María González dijo...

Nadie se mete en líos mejor que tu, Marta. Jajaja, que te empujen una panda de chinos y que, encima, tenga que ir la policía porque todos dicen que estas crazy... Desde luego tienes un encanto natural para el escándalo, pero mejor, que se enteren los Neoyorquinos de que también los españoles tenemos personality.
Un beso!!

Andrea dijo...

Vamos a ver, Marta, a ver si lo entiendo: después de que te arrastrara una manada de japoneses, empezaste a echarte a ti misma la bronca a grito pelado para, acto seguido, te detuviera the police y que tu padre tuviera que, spanenglisheando, sacarte del apuro, ¿no?
¡¡Genial, maravilloso, espléndido!!xD
Pero vamos a ver, ¡¿nadie tenía una mísera cámara para grabarlo?! Y luego dicen que vivimos enganchados a las tecnologías... -.-

En fin, supongo que entre el susto y las broncas varias (porque madre no habrá más que una, pero para las broncas parece que haya 1500 madres) lo has pasado bien jaja

Un kiss