lunes, 24 de octubre de 2011

Ayyyyy, ayyyy, ayyyy...

No, si te lo dije. A la muerma de mía mamma no se le ocurre ni una sola idea decente. El viernes la muy plasta termino llevándome a Pilates. Que si esto es bueno para tu espalda, que así luego no tendrás dolores de cabeza, que si esto, que si aquello... Pero bueno, es que la espalda no es mía en exclusiva, grité yo. Porque servidora  no había soltado ni media, ni había chamullado un quejido, ni un triste ayyyy, ni un que dolor, que dolor, que dolorrrrr. Fue el pelma del traumatólogo al que le dio por incorporarme al listado de espaldas rotas, así en un plis plas, sin el menor miramiento  con mi condición de joven promesa. ¿Oye y tu crees que la Baquero  hizo caso de mis quejidos? Pues no,   mía mamma que con ese del embarazo se ha creído la madre del año, me dijo que chitón, que ya valía de quejas y tirando de mi como si yo fuese mismamente Baby, me arrastró hasta su gimnasio y me metió a empujones en la sala pilatil.  Eh,oiga señora, un respeto con mi espalda, gritaba yo, alto, muy alto, pero para mis adentros... Pero la muyyyyy, ni se inmutó.  A veces hasta me da pena del pobre peladilla - llamo así al nuevo futuro bebé Ortiz para chincharle a mi madre-  y a la Baquero se le ponen los ojillos como tiritas, largos y estrechos...pero despiden rayos y centellas. Y allí me dejó más sola que una mosca tuerta, frente a una tipa bajita,  rodeada de unos cachivaches que daban repelús. Claro que cuando la doña se me acercó y me dijo que me subiese a aquella especie de cama, con barrotes incluidos, y me largó que si íbamos a empezar a hacer esto y lo otro  y a estirar la espalda y el hombro y también la pantorrilla, y me torció un brazo hacia atrás y quiso que me barbilla diese con mi tripa, mi estómago hizo acto de presencia y vomité todo lo vomitable sobre un suelo de loneta más bien azul, al menos hasta entonces.Y mientras Purita, que así se llama la doña, iba y volvía de su vahído, yo me largué rauda cual centella hasta casa de Cari y allí estuve hasta las 7 de la tarde, hora en la que volví a mi casa hecha un ocho para dejar constancia de que eso del Pilates a mí no me va. Y después de quejarme lo indecible y de gritar a los cuatro vientos que aquello era una tortura china, que así no se trataba a una hija, la Baquero empezó a mirarme cariacontecida, con ojos de grulla asiática. Y yo tan fresca. ¿Dará señales de vida la tal Purita? ¿Seré yo la única en el mundo mundial que además de tener gafas y aparato dental tiene la espalda hecha mixtos? Suerte la mía...

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